Café Lavuelta

El café  Lavuelta, nombre tomado de la vereda y de la antigua hacienda cafetera, pero también del gesto que representa el trabajo de esta asociación, que recupera con esfuerzo las ideas ancestrales del territorio como un ser viviente y del trabajo como una labor colectiva. Sembrado bajo sombra y en medio de cultivos de plátano, maíz y una variedad amplia de árboles, abonado con productos orgánicos y tostado en su lugar de origen, este café concentra el sabor y aroma del compromiso de familias que decidieron unirse para cuidar con su vida su lugar en el mundo.


El café de la vuelta: protector del territorio ancestral

A pocos minutos del pueblo de Cumaca, las plantaciones del Café de la Vuelta protegen la reserva natural y el territorio ancestral que se encumbra hasta el cerro del Quininí. Las piedras talladas con espirales milenarios, la diversidad apabullante de aves que hacen de estas montañas su hogar transitorio o permanente, los robledales que cuidan los nacimientos de agua y las enormes rocas que la tradición oral ha convertido en cabezas y tronos de indios, son los espíritus del lugar. ¿Y quiénes son sus guardianes? Los cultivadores y productores de este café: un grupo de veinticinco familias que por generaciones ha vivido en la vereda y que desde 2012 decidió conformar APRENAT,  la asociación de campesinos que actualmente protege con las manos y con las ideas este santuario de la naturaleza y la tradición.
Como “herederos de la montaña”, los líderes de esta asociación se han puesto en la tarea de mejorar las prácticas agrícolas, y de recuperar y atesorar los conocimientos de los padres y los abuelos, para transmitirlos a los jóvenes de la vereda y a quienes visitan la reserva. Al recorrer el  camino que nos lleva desde la vieja hacienda cafetera que hoy funciona como posada campesina y sitio de reunión, hasta la parte alta de la montaña, cerca del imponente Quininí, escuchamos historias acerca del uso del higuerón, la destrancadera y el caucho; conocemos aves migratorias que vienen cada año desde el Canadá y aprendemos cuáles son los colores de la tángara; con pocas frases los narradores nos hacen conscientes de los cambios del paisaje y nos revelan las viejas historias de la infancia sobre brujas que vivían en cuevas y rocas que brillaban en la noche.

Hoy en día los peligros y las promesas han cambiado: resulta apremiante defender el territorio de la minería y cuidar las fuentes del agua; hacer veeduría de los planes y acciones del gobierno; trabajar unidos y gestionar recursos en busca de una mejor calidad de vida. Convocar la fuerza del árbol pamanche para mantenerse firmes. Toda esta labor es la que da como resultado el café  Lavuelta, nombre tomado de la vereda y de la antigua hacienda cafetera, pero también del gesto que representa el trabajo de esta asociación, que recupera con esfuerzo las ideas ancestrales del territorio como un ser viviente y del trabajo como una labor colectiva. Sembrado bajo sombra y en medio de cultivos de plátano, maíz y una variedad amplia de árboles, abonado con productos orgánicos y tostado en su lugar de origen, este café concentra el sabor y aroma del compromiso de familias que decidieron unirse para cuidar con su vida su lugar en el mundo.
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